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Las cruzadas de los templarios

Lo que nadie te cuenta: las "cruzadas templarias" no existieron. La Orden del Temple no lideró las cruzadas ni siquiera estaba fundada cuando se conquistó Jerusalén en 1099. Y sin embargo, las cruzadas son lo más importante que le pasó al Temple: son a la vez su partida de nacimiento y su sentencia de muerte. Nació para proteger a los peregrinos de una Tierra Santa recién conquistada, y desapareció cuando esa Tierra Santa se perdió para siempre. Aquí separo la historia documentada de la leyenda.

Llevo años estudiando a los templarios, y antes de eso pasé buena parte de mi vida en la inteligencia militar. Esa mezcla me ha enseñado a desconfiar de las historias demasiado bonitas. Y pocas hay tan bonitas, y tan falsas, como la de «las cruzadas templarias».Cuando uno ha trabajado analizando conflictos reales, aprende a leer una guerra por debajo de la leyenda: quién pone el dinero, quién pone los muertos, quién manda de verdad y quién solo obedece. Y las cruzadas, vistas así, no son una aventura de monjes guerreros buscando reliquias. Son dos siglos de geopolítica brutal entre Oriente y Occidente, con sus intereses, sus traiciones y sus cálculos fríos. Los templarios estuvieron ahí, sí. Pero no como los pintan.Lo que voy a contarte en este artículo es la historia real de las nueve cruzadas y del papel que la Orden del Temple jugó —y dejó de jugar— en cada una. Sin Grial. Sin tesoros ocultos. Sin sociedades secretas. Solo lo que pasó, separado de lo que la gente quiere creer que pasó. Y al final entenderás algo que cambió mi forma de mirar a esta Orden: que las cruzadas fueron, a la vez, lo que dio la vida al Temple y lo que firmó su sentencia de muerte.

Las 9 cruzadas

Estas fueron las nueve grandes expediciones a Tierra Santa. En cada título tienes el enlace al artículo completo, donde cuento a fondo qué pasó. Aquí te resumo cada una y, sobre todo, qué papel jugó realmente la Orden del Temple en ella, que es donde la historia se separa de la leyenda.

El papa urbano ii
El Papa Urbano II

1. La Primera Cruzada (1096-1099): la que creó al Temple sin que existiera

La gran cruzada fundacional, la llamada del papa Urbano II que culminó con la toma de Jerusalén en 1099 bajo Godofredo de Bouillón. Aquí está la clave que casi nadie cuenta: el Temple no combatió en ella, porque aún no existía. La Orden nacería veinte años después, precisamente para resolver el problema que esta cruzada creó: una Tierra Santa conquistada pero imposible de recorrer sin morir en el camino. Sin esta cruzada, no habría templarios.

2. La Segunda Cruzada (1147-1149): el bautismo de fuego del Temple

Convocada tras la caída de Edesa y dirigida por Luis VII de Francia y Conrado III. Fue un fracaso militar —el asedio de Damasco se hundió en cuatro días—, pero fue la primera cruzada con templarios sobre el terreno. Cuando el ejército de Luis VII estuvo a punto de ser aniquilado en las montañas de Anatolia, fueron los caballeros del Temple quienes lo salvaron del desastre. Ahí la Orden demostró para qué servía.

Ricardo corazón de leon
El Rey Ricardo Corazón de Leon

3. La Tercera Cruzada (1189-1192): los templarios tras la catástrofe de Hattin

La cruzada de los reyes —Ricardo Corazón de León, Felipe II, Federico I— para recuperar la Jerusalén que Saladino había arrebatado en 1187. Aquella derrota, la batalla de Hattin, había costado al Temple a casi todos sus caballeros, ejecutados por Saladino. Reconstruidos a marchas forzadas, los templarios cubrieron las retiradas de Ricardo y le compraron la isla de Chipre. No reconquistaron Jerusalén, pero salvaron lo que quedaba.

4. La Cuarta Cruzada (1202-1204): la que el Temple no quiso

La  vergonzosa: en vez de a Tierra Santa, acabó saqueando Constantinopla, la mayor ciudad cristiana de Oriente. Conviene dejar claro un punto contra el mito: esta desviación no la dirigió el Temple, sino Venecia y los barones endeudados. La Orden se mantuvo al margen de aquel desastre político. No todo lo que tocó cruzada llevaba sello templario.

5. La Quinta Cruzada (1217-1221): Egipto y la sangre del Temple en Damieta

El primer gran intento de atacar al islam por su centro de poder, Egipto, en lugar de Jerusalén. Los templarios, con su Gran Maestre Pedro de Montaigu, estuvieron en primera línea en la toma de Damieta y pagaron caro el avance suicida hacia El Cairo, que terminó en retirada cuando el Nilo se desbordó. Una de las cruzadas donde más templarios murieron.

Federico II del sacro imperio germanico
Federico II del sacro imperio romano germánico

6. La Sexta Cruzada (1228-1229): la cruzada sin batalla y la tensión con el Temple

La más extraña de todas: el emperador Federico II recuperó Jerusalén por un tratado diplomático, sin combatir, mientras estaba excomulgado por el papa. Y aquí un matiz que el mito borra: el Temple desconfió profundamente de Federico, que había confiscado bienes de la Orden. Los templarios y el emperador estuvieron más cerca del enfrentamiento que de la alianza. La leyenda de los templarios como cruzados unánimes se cae aquí

7. La Séptima Cruzada (1248-1254): la masacre de Mansura

La de Luis IX de Francia, de nuevo contra Egipto. En la batalla de Mansura, en 1250, el Temple fue prácticamente exterminado: su Gran Maestre, Guillermo de Sonnac, murió allí junto a casi toda la caballería de la Orden. El propio rey Luis IX cayó prisionero. Uno de los días más negros de la historia templaria.

8. La Octava Cruzada (1270): el final de Luis IX en Túnez

El último intento del rey santo, esta vez hacia Túnez. Terminó en catástrofe sin apenas combate: una epidemia arrasó el campamento y Luis IX murió de disentería. A estas alturas, con la Tierra Santa cristiana reducida a unas pocas plazas costeras, las cruzadas ya eran una causa agonizante. Y el Temple lo sabía.

9. La Novena Cruzada (1271-1272): el último suspiro

Dirigida por el príncipe Eduardo de Inglaterra, el futuro Eduardo I. Logró algún éxito menor, pero fue incapaz de cambiar el destino de Tierra Santa. Diecinueve años después caería Acre, y con ella todo. Esta novena cruzada fue el último aliento de dos siglos de esfuerzo cristiano en Oriente: el principio del fin que el Temple pagaría con su propia existencia.

Lo que las cruzadas se llevaron por delante

Cuando termino de mirar las nueve cruzadas en conjunto, lo que veo no es una serie de batallas. Veo una cuenta atrás.

El Temple nació de la Primera Cruzada y creció con cada una de las siguientes. Cada expedición a Tierra Santa le daba más sentido, más hombres, más castillos, más poder. La Orden y las cruzadas eran la misma cosa: mientras hubo Tierra Santa que defender, hubo templarios. Y por eso, cuando en 1291 cayó Acre y se perdió hasta el último palmo de aquella tierra, el Temple se quedó sin lo único que justificaba su existencia.

Las estructuras de poder

He visto, en mi propia profesión, lo que les pasa a las estructuras que sobreviven a su misión. Cuando una organización poderosa pierde su razón de ser pero conserva su dinero y su fuerza, se convierte en una amenaza para quienes la rodean.

Eso fue exactamente el Temple después de 1291: una orden riquísima, armada y secreta, sin ninguna guerra que pelear. Felipe IV de Francia, que les debía una fortuna, lo entendió antes que nadie. En 1307 los detuvo. En 1312 el papa los disolvió. En 1314 quemó a su último maestre.

Pero hubo un lugar donde no se rindieron sin más. En la Corona de Aragón, los templarios se encerraron en sus castillos y resistieron. En Monzón, en 1309, un grupo de aquellos caballeros aguantó el asedio sabiendo que la Orden ya estaba condenada, que defender aquellos muros no salvaría nada. Y aun así los defendieron. Para mí, ese es el verdadero final de las cruzadas: no la caída de una ciudad lejana, sino unos hombres en un castillo del Aragón teniendo que decidir quiénes son cuando ya no queda nada que defender.

La última Guardia»: la novela de ese final

De esa pregunta —quién eres cuando ya no queda nada que defender— nació mi novela, La última Guardia: redención y secretos de un Templario.

No es un relato de batallas, héroes, misterios ni leyendas. Es justo lo contrario. Transcurre en el ocaso de la Orden, a principios del siglo XIV, en los castillos templarios de la Corona de Aragón, Castilla y Portugal —monjes-guerreros que, por primera y única vez en la historia, vivieron en castillos-monasterios, muchos de ellos todavía hoy reconocibles y visitables—. Pero la época no es lo que da sentido a la novela: es el hombre atrapado en el difícil equilibrio de su identidad el que da sentido a la época.

Frei Marzal de Castilla

Mi protagonista, frei Marzal de Castilla, no busca el Grial ni tesoros ocultos. Libra batallas interiores. Vive la disolución de sus certezas, de su fe y de su filosofía, en una existencia de luchas, torturas, mentiras y traiciones. Se cruzan en su camino monjes empecinados, eremitas iluminados, judíos conversos, moriscos, sufíes y renegados, hasta hacerle comprender el precio que tendría que pagar por ganar. Porque ganar, para él, consistía en dejarse vencer.

Y en ese derrumbe descubre lo único que la leyenda templaria nunca quiso contar: no hay simbologías esotéricas ni conocimientos secretos. Hay un solo símbolo cierto y un único conocimiento necesario: el amor como respuesta al vacío existencial.

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Preguntas frecuentes sobre las cruzadas y los templarios

¿Existieron las cruzadas templarias?
No. Las cruzadas fueron convocadas por los papas y dirigidas por reyes y emperadores. La Orden del Temple participó como fuerza militar en algunas, pero nunca convocó ni lideró una cruzada, y no existía durante la Primera.

¿Cuándo se fundó la Orden del Temple?
Hacia 1119, unos veinte años después de la conquista de Jerusalén en la Primera Cruzada. Fue reconocida oficialmente en el Concilio de Troyes en 1129.

¿Por qué desaparecieron los templarios?
La caída de Acre en 1291 les hizo perder su razón de ser: defender Tierra Santa. Convertidos en una orden rica y sin función, fueron arrestados en 1307 por Felipe IV de Francia y disueltos por el papa en 1312.

¿Qué pasó en el castillo de Monzón?
En 1309, los templarios de la Corona de Aragón resistieron en sus castillos, entre ellos Monzón, el asedio de las tropas reales tras la orden de disolución. Es el escenario de la novela «La última Guardia».

Esta entrada tiene 3 comentarios

  1. ALáHaddinnn

    Un excelente resumen, don francisco

    1. Paco Pavón

      Muchas gracias por tu comentario 🙂
      Un cordial saludo!

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