Soy novelista, y los Templarios son el corazón de mi primera novela. Llevo años documentándome sobre ellos para retratarlos como fueron, no como los pinta la leyenda. Y la realidad, te lo aseguro, es más apasionante que cualquier teoría conspirativa: una historia de fe, dinero, poder y traición que termina en la hoguera. Te la cuento entera, por orden.
El origen: nueve caballeros en Jerusalén (1119)
Tras la Primera Cruzada y la conquista de Jerusalén en 1099, los caminos de Tierra Santa se llenaron de peregrinos cristianos… y de bandidos que los asaltaban y mataban. Hacia 1119, un caballero francés, Hugo de Payns, y otros ocho compañeros se juraron proteger esos caminos. Se instalaron en lo que se creía el solar del Templo de Salomón, y de ahí su nombre: los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón. Los Templarios.
Eran una rareza absoluta para su tiempo: monjes y guerreros a la vez. Hacían votos de pobreza, castidad y obediencia como cualquier monje, pero empuñaban la espada. Esa contradicción —el hombre de Dios que mata— es la que a mí me fascina, y la que late en el alma de cualquier templario real.
El ascenso: cuando un santo los respaldó
El despegue llegó cuando Bernardo de Claraval, el monje más influyente de la cristiandad, escribió en su favor y les redactó una regla. En el Concilio de Troyes (1129), la Iglesia los reconoció oficialmente. Y poco después, una bula papal les concedió un privilegio extraordinario: no respondían ante ningún rey ni obispo, solo ante el Papa. No pagaban impuestos, podían cruzar fronteras a su antojo y nadie local tenía autoridad sobre ellos.
Las donaciones llovieron. Nobles de toda Europa les cedían tierras, castillos y rentas para ganarse el cielo. En pocas décadas, la orden tenía propiedades desde Inglaterra hasta Tierra Santa, pasando —y esto importa mucho para España— por toda la península Ibérica.
El imperio: los banqueros de la cristiandad
Aquí está lo que casi nadie cuenta, y es lo más moderno de toda su historia. Los Templarios inventaron, de facto, la banca internacional. Un peregrino podía depositar su dinero en una encomienda templaria de París y retirarlo en Jerusalén presentando una carta de crédito. Sin cargar oro por caminos llenos de ladrones. Gestionaban tesoros de reyes, concedían préstamos, custodiaban patrimonios. Fueron, literalmente, la primera multinacional financiera de Europa.
Y ahí estaba la semilla de su perdición: cuando eres más rico que los reyes, y encima no les debes obediencia, te conviertes en un problema.
La península Ibérica: los templarios que España olvidó
La huella templaria más interesante no está en Tierra Santa, sino aquí. En la Corona de Aragón, en Castilla y en Portugal, los Templarios fueron pieza clave de la Reconquista. Reyes como Alfonso I el Batallador llegaron a legarles su reino. Levantaron y guarnecieron castillos-monasterio que aún hoy puedes visitar: fortalezas donde se vivía la regla monacal con la espada al cinto. Es en ese mundo —el del Temple ibérico en su ocaso— donde ambiento mis novelas, porque es el más real y el menos contado.
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La caída: el viernes que cambió la historia (1307)
A principios del siglo XIV, perdida ya Tierra Santa, la orden había perdido también su razón de ser militar, pero conservaba su fortuna. El rey de Francia, Felipe IV el Hermoso, estaba arruinado por sus guerras y debía a los Templarios una cantidad enorme. Su solución fue tan brutal como eficaz.
El viernes 13 de octubre de 1307, en una operación coordinada y simultánea en toda Francia —una redada de Estado en toda regla—, cientos de templarios fueron arrestados al amanecer. Se les acusó de herejía, blasfemia y sodomía. Bajo tortura, muchos «confesaron» lo que hiciera falta; en cuanto cesaba el tormento, se retractaban. Fue un proceso político disfrazado de juicio religioso, diseñado para confiscar sus bienes y borrar la deuda.
En 1312, presionado por Felipe, el papa Clemente V disolvió la orden. Y en 1314, el último gran maestre, Jacques de Molay, murió en la hoguera en París proclamando la inocencia de los suyos. Las crónicas cuentan que, desde las llamas, citó a rey y papa a comparecer ante Dios; ambos murieron aquel mismo año. Eso ya es leyenda, pero da la medida de la impresión que dejó aquella injusticia.
Mito contra realidad: lo que NO eran los Templarios
Aquí es donde tengo que ser tajante, porque es lo que ensucia toda su historia. Casi todo lo «misterioso» que has oído sobre los Templarios es invención muy posterior, sobre todo del Romanticismo del siglo XIX y de la ficción moderna:
- ¿Guardaban el Santo Grial? No. No hay un solo documento de la época que lo sugiera. Esa idea es literatura.
- ¿Tenían un tesoro oculto? Tenían una fortuna, sí, pero documentada y mayormente confiscada. No hay arcón enterrado esperando a nadie.
- ¿Sobreviven en sociedades secretas? No hay continuidad histórica real entre los Templarios medievales y las organizaciones que después adoptaron su nombre.
¿Por qué insisto en esto? Porque el mito, por vistoso que sea, tapa una historia real que es mucho mejor: la de unos hombres de fe convertidos en banqueros y soldados, y destruidos por el poder que ellos mismos sostenían. Esa es la historia que merece contarse.

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En «La última guardia: Redención y secretos de un Templario» te llevo al ocaso de la Orden en la península, al alma de un monje-guerrero. Sin Grial, sin tesoros: el Temple de verdad.
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Preguntas frecuentes
¿Cuándo y por qué se fundaron los Templarios? En 1119, en Jerusalén, para proteger a los peregrinos cristianos que viajaban a Tierra Santa tras la Primera Cruzada. Hugo de Payns y otros ocho caballeros fundaron la orden.
¿Por qué eran tan poderosos los Templarios? Por dos motivos: un privilegio papal que los eximía de toda autoridad salvo la del Papa, y su red financiera, que funcionaba como la primera banca internacional de Europa.
¿Por qué desaparecieron los Templarios? El rey Felipe IV de Francia, endeudado con ellos, los hizo arrestar en 1307 acusándolos de herejía. Bajo tortura confesaron, y en 1312 el Papa disolvió la orden. En 1314 fue ejecutado su último gran maestre.
¿Es verdad que los Templarios guardaban el Santo Grial o un tesoro? No. Son leyendas muy posteriores, sin base histórica. La realidad documentada es una historia de poder, fe y dinero, no de tesoros ocultos ni reliquias mágicas.

