España llegó a tener más de cien castillos y encomiendas bajo control de la Orden del Temple. De la inmensa mayoría no queda ni el nombre del lugar exacto. De un puñado sí queda algo que se puede visitar hoy, y de esos, solo una parte tiene detrás documentación sólida que confirme que fueron realmente templarios y no una atribución de conveniencia añadida siglos después.
Esa es la pregunta que casi ningún artículo sobre castillos templarios responde de verdad: ¿cuál es la diferencia entre «fue templario» y «se dice que fue templario»? Aquí va, castillo por castillo, con la fuente detrás de cada afirmación — y cada uno tiene además su propia entrada completa, enlazada en el título, para quien quiera profundizar más allá de lo que cabe en esta guía.
Castillo de Ponferrada (León)
Es el castillo templario más conocido de España, y también el que más leyenda arrastra. Los templarios lo recibieron en 1178, cuando Fernando II de León se lo entregó para proteger a los peregrinos del Camino de Santiago que cruzaban El Bierzo. Sobre una pequeña fortaleza previa levantaron una ciudadela de más de ocho mil metros cuadrados, con murallas macizas, torres como la del Malvecino y un foso defensivo. Lo que hoy se visita es en realidad el resultado de al menos trece fases constructivas distintas, lo que explica por qué es tan difícil —y tan tentador para la leyenda— atribuir cada muro a una época concreta. Tras la disolución de la Orden pasó a la Corona y después a varias familias nobles, cayendo en el olvido hasta su declaración como Monumento Nacional en 1924.
Castillo de Monzón (Huesca)
En 1143, mediante la Concordia de Gerona, el conde Ramón Berenguer IV cedió Monzón a la Orden del Temple junto con los castillos de Mongay, Chalamera y Barberá. No fue una encomienda más: desde 1192 fue la sede de la comandería templaria más rica de toda la Corona de Aragón. Aquí se crió, entre 1214 y 1217, un Jaime I de apenas seis años, bajo la tutela del maestre Guillem de Mont-rodón, tras la muerte de su padre en la batalla de Muret. Cuando la Orden fue disuelta en 1307, Monzón resistió: el ejército de Jaime II tuvo que asediarlo por la fuerza en 1309 para tomarlo, una de las últimas plazas templarias en caer en toda la península. Es, además, el escenario real de La última guardia.
Castillo de Miravet (Tarragona)
Sobre una colina que domina el Ebro, Miravet fue primero fortaleza andalusí antes de que Ramón Berenguer IV lo conquistara en 1153 y lo cediera a los templarios ese mismo año. Se convirtió en sede de la provincia templaria de Cataluña y Aragón, y entre los siglos XII y XIII levantaron el bloque rectangular del recinto superior que hoy sigue en pie, con su iglesia románica. Miravet protagonizó uno de los asedios mejor documentados de la disolución de la Orden: resistió meses de cerco en 1308 hasta que su último comendador, Berenguer de Sant Just, capituló en diciembre de ese año. Tras la caída del Temple, el castillo pasó a la Orden del Hospital.

Castillo de la Zuda (Tortosa, Tarragona)
De origen islámico —construido en el siglo X bajo el califato de Abderramán III sobre una acrópolis romana—, la Zuda pasó a manos cristianas tras la conquista de Tortosa en 1148. En 1182, Alfonso II de Aragón donó a los templarios la parte correspondiente a la Corona, y poco después la Orden compró también la parte genovesa, controlando desde aquí la navegación del Bajo Ebro. No fue solo templario: Jaime I lo convirtió después en su residencia favorita, y desde 1294 se transformó en palacio real. Hoy alberga un Parador Nacional desde 1972, aunque conserva el trazado defensivo original.

Castillo de Peñíscola (Castellón)
Los templarios ocuparon Peñíscola a partir de 1233, en plena reorganización de sus dominios peninsulares tras la pérdida de Tierra Santa, levantando una fortaleza sobria sobre una antigua alcazaba árabe. Es, de hecho, de los últimos castillos que la Orden construyó antes de su desaparición a comienzos del siglo XIV. Hoy es más conocido por su etapa posterior, cuando se convirtió en refugio del Papa Luna (el antipapa Benedicto XIII) — un capítulo que suele eclipsar por completo su origen templario, pese a ser el que primero puso este peñón en el mapa estratégico.

Castillo de Jerez de los Caballeros (Badajoz)
El propio nombre del pueblo delata su pasado: Jerez de los Caballeros lo lleva por los templarios que se instalaron aquí tras la reconquista cristiana. Alfonso IX les cedió el castillo en el siglo XIII, y la Orden lo reforzó convirtiéndolo en uno de sus bastiones más importantes al sur de la península, en plena frontera con al-Ándalus. Todavía se conservan varias torres y buena parte de las murallas, entre ellas la Torre Sangrienta, donde la tradición local sitúa la ejecución de templarios tras la disolución de la Orden — una leyenda que convive con la base histórica real del castillo, sin necesidad de sustituirla.
Castillo de Montalbán (Toledo)
Aislado en mitad de la provincia de Toledo, Montalbán fue la encomienda más importante que tuvo el Temple en Castilla, con el primer documento de presencia templaria en la zona fechado en 1146, bajo el reinado de Alfonso VII. Bajo su jurisdicción quedaron también los castillos de Ronda y El Carpio, y la iglesia fortificada de Santa María de Melque. Su función era controlar caminos y pastos en una frontera que se desplazó hacia el sur tras la batalla de las Navas de Tolosa (1212), lo que fue reduciendo su relevancia estratégica con el tiempo. Hoy está en ruinas, pero su ubicación solitaria sigue imponiendo tanto como su historia.
Castillo de Caravaca de la Cruz (Murcia)
De origen islámico, Caravaca pasó a manos templarias en 1266, cuando Alfonso X entregó la plaza a la Orden tras sofocar la revuelta mudéjar de 1264-1266, confiando en su capacidad para defender y repoblar esta frontera. Fue la única encomienda templaria del reino de Murcia, y a su función militar se sumó una religiosa: la custodia de la reliquia de la Vera Cruz, que marcaría la identidad de la ciudad hasta hoy. Con la desaparición del Temple en el siglo XIV, pasó a la Orden de Santiago, que en el siglo XVII levantó dentro del recinto la basílica que hoy concentra casi todo el protagonismo del lugar.

Castillo de Gardeny (Lleida) (ficha propia en camino — enlazar en cuanto se publique)
Menos conocido que otros de esta lista, Gardeny fue una de las sedes templarias más destacadas de Cataluña, situada en una colina a las afueras de Lleida desde la que controlaba una ruta clave: la que conectaba Zaragoza con Barcelona. El conjunto no ha llegado completo hasta hoy, pero conserva partes bien identificables, como la torre del homenaje y la iglesia románica, además de un espacio museizado que explica la vida cotidiana de la encomienda. Es de los castillos del silo con menos leyenda añadida y más documentación arqueológica directa.

Castillo de Alcalá de Xivert (Castellón) (ficha propia en camino — enlazar en cuanto se publique)
Alfonso II de Aragón donó la fortaleza de Xivert a los templarios en 1169, antes incluso de conquistarla: el maestre Hugo de Folcalquier tuvo que tomarla por asedio en 1234, tras tres meses de cerco. Se convirtió en el bastión principal del Temple en el Maestrazgo, controlando el territorio desde la Sierra de Irta. La prueba más contundente de su ocupación templaria no es documental, sino arqueológica: en el cementerio medieval del yacimiento se hallaron cuatro momias, dos de caballeros de la Orden de Montesa y dos de caballeros templarios, confirmando la residencia de la Orden en el lugar. Tras la desaparición del Temple, la fortaleza pasó a Montesa y quedó definitivamente abandonada en 1632.
Castillo de San Servando (Toledo): el que no está tan claro
San Servando es el caso distinto de esta lista, y merece explicarse con esa honestidad en lugar de repetir lo que dicen los folletos turísticos. Hay constancia de que Alfonso VIII donó la fortaleza —construida junto al puente de Alcántara para proteger el acceso a Toledo— a los templarios. Pero ninguna fuente medieval documenta actividad templaria real dentro del castillo o la ciudad, y parte de la investigación histórica reciente apunta a que la atribución podría no ser más que una invención de un autor del siglo XVI, repetida sin cuestionar desde entonces. El edificio que se visita hoy tampoco es medieval en su interior: se reconstruyó entre 1945 y 1958 respetando solo el perímetro exterior, y funciona como colegio menor y residencia universitaria. Forma parte de la tradición templaria de Toledo, sí. Que fuera realmente templario, es harina de otro costal.
Los once castillos, de un vistazo
| Castillo | Provincia | Donación / control templario | Función estratégica | Estado de la atribución |
|---|---|---|---|---|
| Ponferrada | León | 1178 | Protección de peregrinos del Camino de Santiago | Documentado, aunque el castillo actual mezcla trece fases constructivas distintas |
| Monzón | Huesca | 1143 | Comandería principal de la Corona de Aragón | Documentado sin discusión |
| Miravet | Tarragona | 1153 | Sede de la provincia templaria de Cataluña-Aragón, control del Ebro | Documentado sin discusión |
| Tortosa (la Zuda) | Tarragona | 1182 | Control de la navegación del Bajo Ebro | Documentado, pero también fue residencia real de Jaime I después |
| Peñíscola | Castellón | 1233 | Bastión costero tras la pérdida de Tierra Santa | Documentado sin discusión |
| Jerez de los Caballeros | Badajoz | Siglo XIII (Alfonso IX) | Bastión de frontera al sur | Documentado sin discusión |
| Montalbán | Toledo | Siglo XII | Encomienda más importante del Temple en Castilla | Documentado, aunque con menos detalle de archivo que otras |
| Caravaca de la Cruz | Murcia | 1266 (Alfonso X) | Única encomienda templaria del reino de Murcia | Documentado sin discusión |
| Gardeny | Lleida | Siglo XII | Control de la ruta Zaragoza-Barcelona | Documentado sin discusión |
| Alcalá de Xivert | Castellón | 1169, conquista 1234 | Bastión principal del Temple en el Maestrazgo | Documentado, con hallazgo arqueológico de momias templarias |
| San Servando | Toledo | Atribuida a Alfonso VIII | Protección del puente de Alcántara | En discusión: sin prueba documental medieval; posible atribución del siglo XVI |
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Preguntas frecuentes
¿Cuántos castillos templarios reales hay en España?
La Orden del Temple llegó a poseer más de cien castillos y encomiendas en la península. De los que se conservan y se pueden visitar hoy con documentación sólida detrás, once destacan por su relevancia histórica: Ponferrada, Monzón, Miravet, Tortosa, Peñíscola, Jerez de los Caballeros, Montalbán, Caravaca de la Cruz, Gardeny, Alcalá de Xivert y San Servando (este último con la atribución en discusión).
¿Todos los castillos que se llaman "templarios" lo fueron realmente?
No. Algunos, como San Servando en Toledo, tienen una atribución templaria sin prueba documental medieval que la respalde, y parte de la investigación histórica apunta a que pudo originarse en un error o invención de un autor del siglo XVI.
¿Cuál es el castillo templario más importante de España?
Depende del criterio. Por riqueza de la encomienda, Monzón fue la comandería más rica de la Corona de Aragón. Por tamaño y fama popular, Ponferrada. Por peso institucional dentro de la Orden en Castilla, Montalbán.
¿Qué castillo templario tiene relación con La última guardia?
El castillo de Monzón, escenario real de la novela, que reconstruye la caída de la Orden del Temple a través de sus últimos templarios.





