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El castillo de Ponferrada: «Castillo de los templarios»

Resumen rápido
El castillo de Ponferrada es el más visitado de los once castillos templarios de España, y también el que más leyenda arrastra por su propio nombre. Fernando II de León donó el enclave al Temple hacia 1178 para proteger a los peregrinos del Camino de Santiago; los templarios fueron señores de la villa unos 125 años, hasta la disolución de la Orden en el siglo XIV. Pero el edificio de 8.000 m² que se visita hoy es el resultado de al menos trece fases constructivas superpuestas, y la mayor parte de lo que se fotografía —el gran palacio y el recinto amurallado— lo construyeron los condes de Lemos dos siglos después. Lo genuinamente templario es más discreto: una iglesia escondida bajo lo que hoy es una bodega, y un pergamino que documenta el juicio final a la Orden.

Cuando llegué a investigar Ponferrada para «La úlitma Guardia,» di con algo que no esperaba: el castillo «templario» más famoso de España es, en superficie, el que menos templario tiene a la vista. No hace falta inventar nada para que la historia real sea interesante — solo hay que separar con cuidado qué construyeron los templarios y qué levantaron encima, dos siglos después, los condes de Lemos.

De encomienda de frontera a señorío templario

Hacia 1178, el rey Fernando II de León permitió a los caballeros del Temple establecer una encomienda en el enclave donde hoy se levanta Ponferrada, en la confluencia de los ríos Boeza y Sil. En 1180 el rey concedió un fuero para repoblar la villa, que había surgido apenas un siglo antes, y la primera fortificación documentada data de hacia 1187. El lugar no se elegía al azar: controlaba el paso de peregrinos del Camino de Santiago hacia El Bierzo y Galicia, en un punto donde antes hubo, probablemente, un castro celta y después un asentamiento romano y visigodo.

La relación entre el Temple y la Corona leonesa no fue siempre estable. En 1196, en plena guerra entre Alfonso IX de León y Alfonso VIII de Castilla, Alfonso IX retiró Ponferrada a los templarios como castigo por haber apoyado a Castilla. El conflicto se resolvió en 1211: Alfonso IX hizo las paces con la Orden y les donó la villa completa —no solo la fortaleza— a cambio de que el Temple cediera a la Corona otros castillos. A partir de ahí, los templarios no fueron solo guarnición: fueron señores de Ponferrada durante buena parte de los 125 años que, según el historiador y director de los museos de la ciudad, Javier García Bueso, mantuvieron presencia continuada en el enclave.

Vía política

El final llegó por vía política, no militar. Cuando el proceso contra el Temple en Francia desencadenó la disolución de la Orden a comienzos del siglo XIV, el maestre leonés Rodrigo Yáñez se adelantó a la confiscación real: entregó la villa al infante don Felipe, hermano del rey Fernando IV, antes de que la Corona pudiera incautarla. Fue una salida negociada, no una caída por asedio — el tipo de final discreto que rara vez aparece en los folletos, pero que es el que de verdad ocurrió.

desfile templario en ponferrada

Más allá del mito: la herencia templaria que sí se puede identificar

Aquí está la paradoja del castillo más fotografiado del silo: la mayor parte de lo que se ve hoy no lo construyeron los templarios. El recinto es, según reconoce el propio equipo de museos de Ponferrada, un conjunto de al menos trece fases constructivas superpuestas — y sobre las estructuras templarias se reedificó después, con frecuencia usándolas como cimiento literal de construcciones posteriores. Eso ha alimentado durante siglos el efecto contrario al que se busca en este silo: atribuir a los templarios espacios que en realidad son bajomedievales, y pasar por alto los pocos que sí lo son.

gran sala bodega castillo ponferrada La iglesia escondida en la bodega

El espacio con vinculación templaria más sólida no es una torre ni una muralla, sino una sala abovedada que hoy se conoce como «la bodega». Antes de serlo, según explica García Bueso, fue la iglesia de Santa María del Castillo, el templo del recinto templario. La hipótesis no es solo tradición oral: la arquitectura la respalda, con una nave rectangular de orientación litúrgica hacia el naciente, restos de un gran arco que separaba el presbiterio de la nave de los fieles, y el arranque de una escalera que comunicaba la sala con el resto del conjunto.

La tradición local añade una pieza más: el Cristo de las Maravillas, hoy conservado en la Basílica de la Encina, habría presidido originalmente la cabecera de esta iglesia. Es una escultura de transición del románico al gótico, con paralelos en Galicia, lo que deja abiertas dos posibilidades igual de plausibles: que la trajeran los propios templarios, o que llegara después, al oratorio privado del conde de Lemos. Cuando el templo perdió su función religiosa, el conde reaprovechó la sala como bodega — una solución práctica que, sin buscarlo, conservó los muros originales lo bastante bien como para que hoy la sala funcione, por su acústica, como espacio de música de cámara.

Otros rastros identificables

Más allá de la iglesia-bodega, los investigadores señalan otros puntos concretos con vinculación templaria probable: la llamada sala noruega, hoy espacio expositivo; los cimientos de la torre del Moclín, la más avanzada hacia el río Sil; y el arranque de un muro localizado en excavaciones del Castillo Viejo, que el arquitecto Fernando Cobos —director del plan director del castillo— atribuye también a una fase templaria temprana. Son fragmentos, no un recinto completo, y precisamente por eso son más fiables que la impresión general de «todo esto es templario» que transmite el nombre del monumento.

El pergamino de Chinón y la Regla perdida

La pieza más singular del castillo no es arquitectónica, sino documental. En la Biblioteca Templaria del recinto se conserva un facsímil del llamado pergamino de Chinón: el acta del interrogatorio a 72 caballeros templarios ante tres cardenales, que permaneció olvidada en el Archivo Secreto Vaticano hasta que la historiadora italiana Barbara Frale la localizó y estudió en el año 2000. Los tres cardenales propusieron la absolución de los acusados — una resolución que no impidió la posterior quema en la hoguera de los principales maestres ni la disolución definitiva de la Orden, que oficialmente nunca fue rehabilitada. Junto a él se exhibe un facsímil de la Regla primitiva del Temple; el original fue robado de los archivos de Dijon en los años setenta y sigue sin aparecer, lo que convierte a esta copia en una de las referencias más directas para estudiar, desde la fuente, cómo se organizaba realmente la vida de la Orden.

De los condes de Lemos a la ruina, y de la ruina al monumento

escudo condado de lemos Lo que hoy domina la silueta del castillo —el gran palacio renacentista y buena parte del recinto amurallado— no es obra templaria, sino del primer conde de Lemos, Pedro Álvarez Osorio, que desde 1440 levantó sobre las estructuras existentes el conjunto que reconocemos hoy: el Castillo Viejo, el recinto murado y un palacio renacentista. Antes, en 1340, Alfonso XI ya había donado la villa a Pedro Fernández de Castro, quien inició esa primera fase de construcción nobiliaria.

El castillo sobrevivió a su propia nobleza por poco. En 1467, durante la Revuelta Irmandiña, campesinos y caballeros gallegos sublevados llegaron a cercar la fortaleza tras la muerte del hijo del conde; se salvó gracias a un acuerdo político entre la Corona y el Conde de Trastámara. Menos de veinte años después, en 1485, el segundo conde de Lemos se rebeló contra los Reyes Católicos y tomó el castillo por la fuerza; la Corona respondió con un ejército de varios miles de hombres y un asedio de artillería que rindió la fortaleza en el verano de 1486.

Pero el daño más duradero no lo causó ningún ejército: lo causó el propio Ayuntamiento de Ponferrada. A partir de 1850, el consistorio vendió piedra de las murallas para construir cuadras y un mercado, arrendó el interior como pasto, y en 1923 llegó a volar parte de sus muros para nivelar el terreno y construir un campo de fútbol. Solo la declaración como Monumento Nacional en 1924 frenó el deterioro y permitió, décadas más tarde, la restauración que hoy puede visitarse.

plano del castillo de ponferrada

Qué se conserva hoy

El recinto ocupa unos 8.000 metros cuadrados con forma de polígono irregular, y se distinguen claramente dos partes: el sector norte, del siglo XII y de origen templario, y el resto, construido a lo largo del siglo XV por los condes de Lemos. La portada principal, de mampostería, está flanqueada por dos torreones que enmarcan un arco de medio punto; tras ella se accede al patio de armas a través de la torre del homenaje. Antes de llegar al patio hay un recinto defensivo que conduce a la torre Cabrera, al sur, comunicada con una torre semicircular que sirvió de calabozo. La torre del Malvecino, del siglo XV, y la torre del Moclín, de planta hexagonal irregular y con cimientos templarios según los últimos estudios, completan el perímetro defensivo más reconocible. En el patio de armas, la llamada Galería de los Azulejos quedó reducida a escombros tras las voladuras del siglo XIX y XX — un recordatorio físico de que el mayor enemigo de este castillo no fueron los asedios, sino el abandono municipal.

torre del homenaje

Torre del Homenaje:

La imponente Torre del Homenaje, de planta cuadrada y elevada altura, se alza majestuosa dentro del recinto del Castillo de Ponferrada. Esta torre, considerada el núcleo central y más emblemático de la fortaleza, exhibe una arquitectura robusta y señorial que refleja su función como símbolo de autoridad y poder. Desde sus alturas, ofrecía un amplio panorama del entorno y servía como punto estratégico de vigilancia y defensa.

puente levadizo del castillo de ponferrada El Puente Levadizo

El Castillo de Ponferrada presenta un imponente puente levadizo que sirve como acceso principal a la fortaleza. Este puente, una maravilla arquitectónica de su época, desempeñaba un papel crucial en la defensa y seguridad del castillo.

El puente levadizo era mucho más que un mero pasaje; era un mecanismo defensivo inteligente. Era controlado desde el interior del castillo y podía ser levantado o bajado según las necesidades de seguridad, impidiendo o permitiendo el acceso a la fortaleza.

Este tipo de puente, común en castillos medievales, era una muestra destacada de la ingeniería de la época. Construido con madera y reforzado con elementos metálicos, permitía la movilidad estratégica y la protección contra posibles invasiones o ataques.

Además de su función puramente defensiva, el puente levadizo simbolizaba la autoridad y la fortaleza del castillo. Era la primera línea de defensa, un obstáculo para los intrusos y un elemento clave para proteger a los habitantes y las riquezas del interior del recinto.

Cómo visitar el castillo de Ponferrada

El castillo abre todo el año excepto los lunes, con horario que varía por temporada: de noviembre a febrero, de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 18:00; en octubre y marzo, de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 19:00; y de abril a septiembre, de 10:00 a 14:00 y de 16:30 a 20:30. La taquilla cierra media hora antes, y la visita dura aproximadamente 90 minutos. La entrada general cuesta 6 €, con tarifa bonificada de 4 € para jóvenes, estudiantes, desempleados, jubilados y peregrinos acreditados, y gratuita para menores de 14 años y personas con discapacidad. La entrada es gratis todos los miércoles del año para cualquier visitante, y todos los domingos para los titulares de la Tarjeta Ciudadana de Ponferrada, además de en el Día de Castilla y León (23 de abril), la Fiesta Nacional (12 de octubre) y el Día de la Constitución (6 de diciembre).

Cada año, el castillo acoge además las Noches Templarias, una recreación histórica con desfiles, teatro, música medieval y mercado artesanal, cuyo momento más señalado es la ceremonia de investidura de nuevos caballeros de la Orden.

Preguntas frecuentes

¿Es el castillo de Ponferrada realmente templario, o es más mito que historia?
Es templario en origen: Fernando II de León lo donó a la Orden hacia 1178 y los templarios fueron señores de la villa unos 125 años. Pero la mayor parte de lo que se visita hoy —el gran palacio y buena parte del recinto amurallado— lo construyeron los condes de Lemos dos siglos después de la disolución del Temple.

¿Qué partes del castillo son realmente templarias?
Sobre todo la sala hoy conocida como «la bodega», identificada como la antigua iglesia de Santa María del Castillo por su nave orientada al este y los restos de un arco presbiterial. También la sala noruega, los cimientos de la torre del Moclín y un muro localizado en el Castillo Viejo.

¿Qué es el pergamino de Chinón que se conserva en el castillo?
Un facsímil del acta del interrogatorio a 72 caballeros templarios ante tres cardenales, documento que permaneció olvidado en el Archivo Secreto Vaticano hasta que la historiadora Barbara Frale lo estudió en el año 2000. Los cardenales propusieron la absolución de los acusados, algo que no evitó la disolución final de la Orden.

¿Cuánto cuesta la entrada y cuándo abre el castillo de Ponferrada?
La entrada general cuesta 6 €, con tarifa bonificada de 4 €. El castillo cierra los lunes; el resto de la semana el horario varía por temporada, con jornada de mañana y tarde. La entrada es gratuita todos los miércoles del año.

¿Se puede visitar el castillo durante todo el año?
Sí, permanece abierto todo el año excepto los lunes, con horarios estacionales. Además, cada año acoge las Noches Templarias, una recreación histórica con desfiles y una ceremonia de investidura de nuevos caballeros.

Paco Pavón

Paco Pavón (Madrid, 1965) es novelista. Militar profesional, desarrolló su carrera en los ámbitos de la información y la inteligencia, y es criminólogo especializado en psicología de la delincuencia. En sus novelas explora el poder, la identidad y la lealtad: La última guardia, A hostias con la vida y A bordo de mí mismo. Biografía completa

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Javier

    joder, hacía tiempo que no disfrutaba tanto leyendo. Me voy a Ponferrada

    1. Paco Pavón

      Me alegro mucho, Javier. Que sigas disfrutando mucho.
      Un abrazo,
      Paco Pavón

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